4-mayo-2016

LA INTRODUCCIÓN

¿Es éste un nuevo manual de aprendizaje del Dibujo? NO. ¿Es acaso un tratado filosófico-pedagógico sobre las enseñanzas del arte hoy? NO. ¿Se trata de un libro mágico para aprender a conocer y desarrollar tu yo creativo? NO. ¿Entonces qué es esto?

Este libro nace de las experiencias de dos aprendices de profesores borrosos que, tras haber realizado diferentes prácticas con colectivos de muy diversa índole en el campo de las enseñanzas del arte en general y del dibujo en particular, se encontraron inesperadamente un día y decidieron volcar sus conocimientos para evitar que éstos se diluyeran.

Sus prácticas pueden parecer poco ortodoxas, pero están basadas en el continuo cuestionamiento de los sistemas existentes que han sido tratados, estudiados y puestos en práctica… incluso por ellos mismos. Es en ese continuo cuestionamiento, en esa búsqueda de la verdad-tendencia frente a la verdad absoluta, en esa ciega certeza en la duda, en ese posicionamiento borroso ante la entropía en el que pretendemos movernos y aportar, no un manual al uso, sino un punto de partida para el debate continuo en la enseñanza de un lenguaje muchas veces oscurecido por la palabra. Es evidente que la paradoja de utilizar la palabra para acercar a un sector más amplio de lectores los presupuestos de nuestra propuesta nos plantea un conflicto difícil de superar, pero mientras no implementemos un vehículo distinto, no hay otra. Dibujo versus palabra no es exactamente la propuesta, pero sí tenemos la pretensión de que, en un escenario en el que los dos sistemas perceptivos se den, sea el dibujo la prioridad. Como sensación, como emoción, como actitud.

El amor hacia el dibujo y, sobre todo, hacia el arte y sus hacedores, ha llevado a estos seres borrosos a conformar este texto, donde es tan importante la búsqueda de lo formal como lo espiritual y mágico de esta ancestral manifestación artística.

Si indagásemos en la formación de multitud de artistas que forman parte de la historia, comprobaríamos que la mayoría ha tenido una formación académica reglada y unidireccional y que ésta ha contribuido al desastre más profundo. Afortunadamente el arte, cuando es válido, suele salir a la luz, pese a quien pese. Uno de los principios que veremos en estos escritos es precisamente este; la razón saltarina que se posiciona sin prejuicios en unos y otros conceptos, sin anular ninguno. Unos con peor y otros con mejor fortuna, las y los artistas que hoy tenemos como referencia en libros y museos han utilizado o despreciado las enseñanzas obtenidas de su escuela o academia.

Es muy conocida la historia de Egon Schiele, ejemplo en su tiempo de cómo no se tenía que dibujar; hoy es considerado uno de los dibujantes más notorios e influyentes por la crítica y la sociedad en su conjunto. Incluso muchas y muchos profesores de arte intentan enseñar la manera de producir la línea de Schiele, y cantidad de artistas intentan imitarla. Schiele recibió clases de dibujo de manos del ilustre profesor Christian Griepenkerl en la prestigiosa Academia de Viena, con el que no tuvo muy buenas relaciones: “A Vd. lo ha cargado el diablo en mi escuela”, exclamó una vez fuera de sí. Los mediocres trabajos de Schiele le llevaron a proferir este ruego: “Por el amor de Dios, no le cuente a nadie que yo le he dado clases”.

Esta es precisamente la actitud contraria al espíritu de este libro. Incluso, si miramos de manera más generalista, la mayoría de las personas adultas occidentales no llegan a desarrollar su talento artístico más allá del nivel que alcanzan a la edad de nueve o diez años.

En la mayoría de las actividades mentales y físicas básicas de un ser humano, como son por ejemplo la escritura o el habla, cambian y se desarrollan según se avanza hacia la edad adulta. Sin embargo, el progreso en el dibujo parece detenerse inexplicablemente a una edad temprana. En nuestra cultura, la gente menuda dibuja intuitivamente, y se les va moldeando hacia la representación realista de lo observado, pero también cuando llegan a la edad adulta dibujan como lo hacían en la infancia, sin importar el nivel que alcancen en otros campos.

Este fenómeno crea cierta frustración en el ser humano, ya que no se ven capaces de representar aquello que quieren, sin saber que, con muy poco esfuerzo, podrían llegar a ciertos estándares gráficos que se adecuarían a sus necesidades. Se crean pues lo que damos en llamar “Analfabetos plásticos”, que es un fenómeno muy extendido y que frena tanto el crecimiento individual de la persona, como el avance social y estético en el mundo actual. Al no saber dibujar, al no entender el mundo plástico, al no conocerlo, se obvia y se aparta. Esto produce el olvido y el involucionismo dentro de un campo tan vital para la humanidad como es la imagen.

Desde una mirada contemporánea y actualizada, el Profesor Borroso(*), que está formado por la unión conceptual de Manuel Maciá Martínez y Antonio García Villarán, nos llevará por caminos físicos y psíquicos poniendo en cuestionamiento los pilares mismos de los sistemas de aprendizaje que se daban en las primeras academias, sorteando las espadas de la tradición y empuñando a veces alguna de ellas para explicar y explicarse en sus propias teorías.

No se trata de un “todo vale” en cuanto al resultado, a la llamada “obra de arte” sino de un “todo vale para aprender”.

(*) A lo largo del libro nos referiremos al Profesor Borroso como el elemento que incluye tanto a las mujeres como a los hombres que pretenden andar con nosotros dos este camino.

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